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La Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias acoge la exposición “Joan Brotat. Paraíso melancólico”

La exposición recoge las obras del periodo más significativo de este artista catalán.

La Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias ha presentado hoy la exposición “Joan Brotat. Paraíso melancólico”, que podrá visitarse en la sede de la entidad, calle San Agustín, nº 18, La Laguna, hasta el próximo 27 de enero de 2018. El acto contó con la participación de Alberto Delgado, presidente de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, y Alex Mitrani, comisario de la muestra.

Durante su intervención, Alberto Delgado destacó que las exposiciones temporales de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias han brindado la oportunidad de descubrir no sólo a los artistas que se han expresado en los lenguajes más renovadores y vanguardistas de la Historia del Arte en España del siglo XX sino que, además, a través de ellas hemos descubierto, por primera vez en Canarias, poéticas extremadamente personales relacionadas con el drama de la existencia, como la que podremos contemplar en la exposición que hoy se presenta, Joan Brotat. Paraíso melancólico. Señaló, además, que Joan Brotat es uno de los artistas más originales y, sin embargo, peor conocidos de la reconstrucción de la modernidad en los años de posguerra en España. Asimismo, también, explicó el amplio programa de actividades organizadas en torno a la muestra cuyo fin no es otro que difundir la obra del artista, destacando las convocatorias dirigidas al público escolar y familiar.

Por su parte, Alex Mitrani subrayó que esta muestra está integrada por una selección de obras - pinturas y cerámicas- realizadas por el artista en el periodo comprendido entre 1950 y 1958, el más significativo y original de su trayectoria, donde se evidencia los principios poéticos de su pintura: el ingenuismo, la influencia del Románico, el primitivismo y la condición melancólica propia de la vanguardia de posguerra, concluyendo, a modo de epílogo, con unas obras en las que se intuye la evolución de su lenguaje hacia una etapa oscura con cierta influencia informalista.

Según, Mitrani, el arte de Brotat corresponde con los valores fundamentales de la vanguardia: se fundamenta en la libertad y el atrevimiento de la expresión y de la forma, pero en su caso lo hace de un modo contenido, alejado de cualquier exageración o exhibicionismo. Brotat, barcelonés, perteneciente a un antiguo barrio de artesanos, no pertenecía a los círculos intelectuales, pero despertó gran interés entre la crítica en la la década de los cincuenta, incluyendo a figuras fundamentales como Eugenio d’Ors. No obstante, esa misma crítica seguramente no entendió su evolución hacia un expresionismo desgarrado al extremo. El triunfo de la abstracción le fue dejando de lado y Brotat no supo, o no quiso, adaptarse a las nuevas tendencias. A pesar de ello, su período ingenuista destaca como uno de los ejemplos más interesantes y personales del primitivismo de posguerra.

Joan Brotat (Barcelona, 1920-1990) fue uno de los artistas más originales y, sin embargo, hoy peor conocidos de la reconstrucción de la modernidad en los años de posguerra en España.

Su procedencia humilde, la experiencia dura de la participación en la Guerra Civil como miembro de la quinta del biberón (un hecho que, significativamente, ocultó toda su vida) y una posguerra muy dura, económica y moralmente, explican la dificultad y la tardanza en la carrera de Joan Brotat, que sólo se hizo pública cuando ya había cumplido los treinta años. La pintura y la creación de un mundo de inocencia absoluta fueron la respuesta a esa amargura. Después de un éxito de crítica que fue un espejismo, las circunstancias de la vida y la dinámica del sistema del arte lo relegaron posteriormente a un olvido injusto al que esta exposición pretende contribuir a rectificar.

Brotat se inició en el contexto de las exploraciones de vanguardia que se llevaron a cabo en los Salones de Octubre de Barcelona y que fueron lideradas en Cataluña por el grupo Dau al Set. Con el apoyo de personalidades como José María de Sucre, Eugenio d’Ors y Cesáreo Rodríguez-Aguilera, durante la década de 1950 Brotat elaboró una singular e intensa poética, basada en el espíritu sintético y expresionista de las primeras vanguardias e impregnada de la solemnidad del románico. Su mundo, de un lirismo muy particular, se caracterizó por una cautivadora dulzura pero estaba a la vez imbuido de un sutil misterio. Aparentemente ingenuo y arcádico, Brotat estaba marcado por la experiencia del trauma y por una inquietud latente que fraguaría a finales de la década, volviéndose sombrío hasta hacerse infernal.

Buscó un lenguaje primigenio y sus exploraciones lo llevaron a una figuración primitiva, ruda y elemental, casi brutalista en algunos momentos, que luego se fue sofisticando y haciéndose preciosista. En sus inicios, el gesto es ágil, espontáneo y dinámico. Recuerda claramente la crudeza y la fuerza del arte infantil. Pero a diferencia de los naifs, en Brotat hay una voluntad culta y reflexiva, como demuestran la vinculación al modelo románico y los esbozos abstractos, que preceden a la opción figurativa. Brotat enlazó con la corriente de primitivismo estético que se desarrolló en la Europa de postguerra y que tuvo una constancia muy notable en España, vinculada a la herencia de Joan Miró y a los debates surgidos alrededor de la llamada Escuela de Altamira. Fue, tal vez, uno de los más fructíferos representantes de esa tendencia. Hijo de zapateros y vecino de un barrio tradicional de artesanos, una de las temáticas clave de Brotat es el mundo del trabajo, pero no el de la industria y la tecnología, que sería el propio de las dinámicas de su tiempo, en la era atómica y de los inicios de la sociedad de consumo, sino el de la artesanía y la agricultura, el de las tareas y los modos de hacer anteriores a la alienación. Había en él una especie de ética genuina del artesano.

Brotat construyó una realidad paralela hecha de ternura y de serenidad, habitada por seres afables y felices, modestos y trabajadores. Esta añoranza de una cultura arcádica se produce bajo el signo de la nostalgia. Brotat celebra una sociedad premoderna donde las personas parecen estar más cerca de la naturaleza. Se intuye, asimismo, una dimensión mágica, animista, en los paisajes cargados de símbolos y de referencias a lo orgánico y a la fertilidad, pero también a la muerte. Brotat crea un universo en que se domina y se sublima el conflicto. El vitalismo de la naturaleza se conjuga con la serenidad cotidiana o trascendente de los hombres. El hieratismo de las figuras, heredado del románico, confiere una especie de valor mítico a los personajes. El arcaísmo y el primitivismo ingenuista de Brotat son radicales, en el sentido literal del término: buscan la raíz de lo creativo y lo humano y conectan con las culturas primigenias, no escindidas de su origen, en este caso la naturaleza y un paraíso ideal, seguramente perdido. En este sentido, entronca con los problemas esenciales de las vanguardias de principios del siglo XX. Modesto y tímido, Brotat demostró un atrevimiento creativo y una determinación que adquieren, a nuestro entender, un carácter casi heroico. Su obra, extraña, tendría una vigencia actual por su lucha poética contra la violencia y las miserias de nuestra civilización.

La muestra podrá visitarse en la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias hasta el 27 de enero 2018, en horario habitual: lunes a viernes, mañanas de 11.00 h. a 14.00 h. y tardes de 17.00 h. a 20.00 h. y sábados de 10.00 h. a 14.00 h., domingos y festivos cerrados.

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