Guillermo Martínez Castro

Esta colección de arte de África que les presentamos, es la consecuencia de mi amor por el continente africano, su cultura y sus gentes. El arte africano acoge una gran variedad de culturas caracterizadas por la gran riqueza de sus costumbres y tradiciones.

La escultura africana ha revolucionado el arte contemporáneo europeo. A comienzos del siglo XX, se celebraron en París grandes exposiciones de arte primitivo y africano que inspiraron a artistas como Pablo Picasso o Alberto Giacometti, así como a numerosos artistas del movimiento Surrealista.

Esta selección de esculturas es el resultado de una búsqueda constante de sensaciones y emociones a lo largo de tres décadas. Fascinado por este arte, me di cuenta de que detrás de cada máscara, de cada estatua, de cada objeto, había una historia. Así, la paulatina búsqueda de este arte erróneamente llamado primitivo, me llevó a ir al encuentro de máscaras, esculturas y objetos utilizados en determinados e importantes rituales. Estos hallazgos siempre vinieron acompañados de la búsqueda de información sobre lo que representaban, qué usos y qué significados, qué poderes poseían, Todo ello me ha permitido poder mostrarles esta colección.

En estas décadas he viajado por muchos países africanos: República Democrática del Congo, Camerún, Gabón, Mali, Guinea Ecuatorial, Nigeria, Costa de Marfil, Sierra Leona. He visitado pueblos, tribus, anticuarios y marchantes, mercados especializados e incluso mercadillos en cualquier rincón de estos países, donde me he encontrado con piezas extraordinarias y especiales de las que esta muestra es ejemplo.

Con el tiempo y los viajes, la cantidad de piezas adquiridas aumentó considerablemente, lo que me llevó a buscar un espacio para mostrarlas. Creé dos museos de arte de África y Oceanía en un pueblo cercano a Madrid, que permaneció abierto al público durante dos años. Las obras de arte africano aquí reunidas, han estado anteriormente expuestas en la Fundación Caixa Laietana, Cataluña, en el año 2004-2005, en el Museo de la Piel, Vic, Cataluña, año 2005 y finalmente en los museos antes mencionados.

Volviendo a la colección y lo que representan las obras expuestas, hay que reseñar que a pesar de la estética diferente que existe entre las máscaras y las estatuas, ambas son utilizadas en tres rituales básicos: los de fertilidad, los religiosos y los de iniciación.

En general, a los europeos les resulta muy difícil comprender qué significan y cuál es el sentido de estas obras llenas de magia. A pesar del gran interés que mostré desde el inicio por el arte africano, he de confesar que las primeras adquisiciones las hice guiado por un interés puramente estético y decorativo, pero a medida que la colección crecía y los viajes al continente africano se hacían más regulares, la investigación sobre cada pieza, su tribu de procedencia, su simbología, me permitieron la conexión y comunicación con cada una de ellas. Descubrir en Nigeria la cultura Igbo (Ibo), con su amplio registro artístico de volúmenes, de colores, de significados resultó una experiencia embriagadora. Entendí cómo podíamos comunicarnos con las estatuas Igbo. Precisamente, en esta exposición podemos observar una gran estatua Igbo, esculpida de forma muy simple en sus líneas, pero que por la posición de sus brazos, separados del cuerpo, y las manos abiertas mirando hacia adelante, nos está hablando de franqueza, de apertura a dar y recibir.

En el antiguo Zaire, hoy República Democrática del Congo, y después de una larga e intensa búsqueda por la provincia de Katanga, localicé una escultura de la tribu Ovimbundu. Esta figura femenina, cargada de adornos y un peinado muy elaborado, nos sugiere, en su expresión meditativa con una frente abultada, inteligencia y perspicacia así como deliberación y propósito.

En Mali, a lo largo de la falla de Bandiagara, se encuentran los Dogón. La figura Dogón presente en el gran formato de la exposición, transmite una inmovilidad solemne y al mismo tiempo un movimiento latente, o la puerta del granero, tallada con detalle, que según las creencias populares, protegían los objetos sagrados y los suministros de comida de su comunidad. Igualmente en Mali pude asistir a rituales festivos con los Bambara, en concreto a las ceremonias y ritos de cultivo y cosecha de los campos, con los elegantes tocados de antílope de madera que representan a Ty Wara o Chi Wara, inventor de la agricultura para los Bambara. La danza de las máscaras Ty Wara sobre los campos agrícolas, su tumba, sirve a la vez para honrarle y para recordar a los jóvenes granjeros el duro sacrificio que ellos deben hacer cada año.

En cuanto las máscaras, en la gran mayoría de las expuestas destacan los temas sociales, con características humanas y animales, personificadas por danzantes correctamente enmascarados y que adoptan gran variedad de roles para ejemplificar las formas correctas o no de la conducta social. Por ejemplo, al sur de Nigeria, entre los Ijo o entre los Igbo, representan varios modelos de conducta antisocial: el avaro, la prostituta, el médico incompetente o el abogado sin escrúpulos. Entre los Yoruba cercanos, suelen representar al chismoso, al glotón y extraños comportamientos de los extranjeros. Los Pende (RD Congo) o los Kota (Gabón) entre otros, llevan máscaras que imitan a jueces y policías. En el caso de los Kwele de Gabón, gracias al anonimato y poderes especiales, pueden romper los códigos y prohibiciones sociales establecidos como medio para redistribuir la comida y los animales en épocas de gran escasez dentro de la tribu.

En el mismo Gabón, los relicarios Kota representados son utilizados como imágenes protectoras para custodiar las ancestrales reliquias sagradas de la tribu y protegerlas de posibles robos o daños.

La estatua-sarcófago Nkundu Nkundu y la estatua gran fetiche masculino Songye, son dos de las piezas más significativas de esta exposición. Nkundu Nkundu es una escultura que ha dejado una profunda huella en la vanguardia artística de principios del siglo XX. Sus dimensiones y su forma de talla le dan un aspecto intrigante, raro, pero de una calidad excepcional. Encarnan ambas el significado entre la vida y la muerte a través de la imaginación colectiva.

Otra de las obras maestras del arte africano que podremos ver es el fetiche Songye, que con su presencia sobrecogedora e intimidatoria nos da una idea de la fuerza y poder que representa para su tribu. Utilizado para contrarrestar a los espíritus malignos y agresores, se cree que canaliza y dirige los rayos contra estos y les protege de enfermedades comunes en la región como la viruela.

Aunque la arquitectura no es objeto de esta exposición, existen dos culturas africanas que me han impresionado profundamente durante los viajes por África: los Tamberma y los Ndebele. De estos últimos podrán observar un pequeño delantal de cuentas. Al norte de Togo viven los Tamberma. Su arquitectura doméstica ha alcanzado la cima de belleza y complejidad simbólica. Los ‘castillos’ de barro de dos pisos utilizados por este pueblo sirven no solo de viviendas, sino también como fortalezas, catedrales, teatros y diagramas cosmológicos. Al igual que el pueblo Dogón, cada casa Tamberma adopta las distintas formas humanas. De acuerdo con ello, las fachadas aparecen pintadas con los mismos diseños utilizados por las mujeres en sus adornos. Algunas partes del cuerpo se relacionan con determinados elementos de la vivienda, y así, por ejemplo, la puerta con la boca, la ventana con los ojos, la piedra de moler con los dientes, y así sucesivamente.

Nos hemos adentrado en otras épocas que nos transmiten, no solo conocimientos, sino también sensaciones, texturas, olores, usando como hilo conductor las esculturas, las máscaras, escudos, y objetos. Esta exposición recoge piezas que forman parte de un arte ancestral y auténtico. Un arte que, todavía, no ha sido borrado por los vientos de la globalización y su dominación de otras culturas. África nos ofrece todavía la posibilidad de acceder a un conocimiento ancestral vinculado a un arte que, hoy por hoy, forma parte de la identidad de sus pueblos, y ha seguido influenciando al arte contemporáneo.

Un proverbio de Costa de Marfil dice que «la muerte de un anciano es como una biblioteca que se quema». En una era como la actual en la que prima la velocidad, la conservación y divulgación de los tesoros de nuestras culturas y civilizaciones, es un compromiso que tenemos con las nuevas generaciones para acercarles a las costumbres, tradiciones, ritos y esencia de nuestros antepasados.

La mayor satisfacción que puedo tener como coleccionista, es poder compartir con otras personas la emoción de contemplar estas obras, reunidas con tesón, amor y esfuerzo a lo largo de tanto tiempo. Muchas han sido las dificultades y contratiempos con los que me he encontrado en este largo viaje por el continente africano, pero siempre me he quedado con una frase de Ernest Hemingway: «Nunca tuve una mañana en África en la que al despertar no fuera feliz».

Noviembre 2018