Presentación

Las leyendas de Pele, diosa hawaiana de los volcanes, o de Guayota en Tenerife, que osó raptar al sol para encerrarlo en el Teide, nos hablan de cómo el pensamiento mágico dio lugar, en dos archipiélagos distantes, a leyendas que hablaban de nuestra fragilidad frente a las fuerzas incontestables de su naturaleza volcánica. Canarias y Hawái atesoran algunos de los espacios de biodiversidad más ricos y sorprendentes del planeta.

Los volcanes han escrito en nuestra orografía colosales paredes de basalto junto a nuestras costas, roques suspendidos del vacío que abrazan el aire, calderas sobrecogedoras cuyos paisajes descarnados están más próximos a lo lunar que a lo terrestre. El tiempo ha hecho el resto, dibujando playas y bosques fósiles donde nuestros ancestros entraron en contacto con la naturaleza, para tratar de comprender la grandeza de la que formaban parte: la bios, la vida, y su topos, el lugar al que esta pertenece.

Lo que llamamos paisaje siempre ha estado ahí, pero hemos tardado en reparar en él. Creamos el paisaje por vez primera en nuestro imaginario cuando nos detuvimos a mirar, cuando entendimos que mirar formaba parte de la emoción, de nuestra capacidad para descubrir la belleza de cuanto nos rodea. Creamos porque ansiamos abrazar lo que es más grande que nosotros, aquello que se agiganta frente a nuestra mirada. Mirar al Teide o al Kilauea es inabarcable, pero el artista cuenta con la luz y el color para regalarnos la ilusión de aquello que no alcanzamos a comprender.

Esta búsqueda ha obsesionado durante años a Chago Melián. A través del arte y de la música ha ido vertebrando su pasión por dos archipiélagos más cercanos de lo que puede expresar la distancia. Reunirlos ahora, en un mismo espacio, es su forma de decirnos quién es él. Porque todos los pintores han sentido la llamada del lugar al que pertenecen, pero solo en Chago Melián confluyen el mar y el volcán como un continuo de los dos hemisferios de su pasión: Canarias y Hawái.

Fundación CajaCanarias