EL Legado Rupestre
Exposición del 20 de abril al 12 de mayo de 2017
Plaza de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, 1
Las Palmas de Gran Canaria

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Agradecimientos

A las unidades de patrimonio de los Cabildos insulares de Canarias

Cueva de Belmaco (Mazo)

Esta cueva de habitación, de 35 m de largo y 10 m de altura máxima, fue redescubierta en 1752 por Domingo Vandewalle de Cervellón, Gobernador militar de La Palma, quien reparó en los grabados rupestres que se encuentran en ella fruto de una inspección realizada para examinar el cadáver de un despeñado. En 1772, Viera y Clavijo se hizo eco de ellos en el Tomo I de sus Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, describiéndolos como puros garabatos, juegos de la casualidad o la fantasía de los antiguos bárbaros. Desde entonces, la peculiaridad de los grabados convirtió el lugar en un punto de referencia y visita para numerosos investigadores, tal y como queda evidenciado en la producción historiográfica.

La tradición oral considera esta cueva como la residencia de los últimos reyes del cantón de Tigalate: Juguiro y Garehagua. La arqueología, por su parte, ha constatado el papel clave de este yacimiento para explicar el primer poblamiento de La Palma y las distintas fases cerámicas de la isla. La cueva forma parte de un conjunto arqueológico integrado por doce cuevas naturales de habitación, cinco asentamientos pastoriles y una cueva de enterramiento.

El uso de la cueva en época histórica, hasta la década de 1950, le añade también un valor etnográfico. En este sentido, en su interior se conserva un horno y un enlosado de piedras en su zona central, que fue parte de un pajero.

Los cuatro paneles con grabados que forman parte del yacimiento, ejecutados sobre grandes rocas, se encuentran en la actualidad desplazados de su posición originaria. En ellos hay ejecutados, mediante la técnica de picado, motivos meandriformes, espiraliformes, serpentiformes, circulares y semicirculares, similares a los que se documentan en otros yacimientos rupestres de la isla y que han sido emparentados por diversos investigadores con el mundo líbico-bereber norteafricano, entre los años 200 a.n.e. y 700 d.n.e. El hecho de que la cueva tenga grabados ha llevado a algunos autores a identificarla con un posible santuario o espacio cultual.

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