¿Es La Palma? Pinturas de Facundo Fierro
EXPOSICIÓN
Del 18 de marzo al 30 de abril de 2015

Organiza

Fundación CajaCanarias

Lugar

Espacio Cultural CajaCanarias
Plaza de España, 3
Los Llanos de Aridane. La Palma



Presentación

Facundo Fierro

¿Es La Palma?, pregunta a bocajarro Facundo Fierro con los ojos muy, muy azules. Nosotros, sin poder evitar una quemazón en la nuca, nos hacemos eco de esas tres palabras, tan perspicaces en su brevedad. ¿Es La Palma?, repetimos con un paladeo, recreando la imagen de la isla que llevamos dentro, intentando reconstruir ce por be el relato inagotable sobre el que se levanta aquello que mejor nos define en medio del mar.

¿Es La Palma?, pregunta el artista que va y viene y arriesga paso a paso (ese es su modo de afirmarse en pos de las maravillas del mundo), y nosotros titubeamos carras-peando en señal de admiración ante el virtuosismo de su obra diversa —sean cuales sean la técnica, el soporte, el formato o el contexto para el que se haya concebido—, porque en ella se adensa una verdad que estremece. ¿Es La Palma?, pregunta el artista en cada regreso, y nosotros, antes de asentir, asimilamos todo cuanto nos va mostrando como un compendio de claves para el autorreconocimiento: rostros, arborescencias, palomas, metopas, inscripciones sobre piedra, raíces ascendentes.

La mirada de Facundo Fierro aglutina nostalgia e imaginación en torno a La Palma, la isla por antonomasia. Como Gilles Deleuze, sabe que la isla es el sueño de los hombres y que los hombres son la conciencia de la isla. Alter orbis, nada la detiene en la singladura, nada en el naufragio. En cualquier caso se remueve como una criatura hermosa frente al peligro.

Desde la maestría, Facundo Fierro busca los nacientes de su creatividad polifacética en la opulencia de un territorio que no deja de abrirse hacia fuera mientras, al mismo tiempo —ay, en el propio retorcimiento provocado por ese abrirse—, se cierra hacia dentro, como una corola de pétalos que se retiran arqueándose despacio, con voluptuosidad, como en un largo bostezo, según el dictado de la luz. En efecto La Palma, al igual que el genuino palmerismo de sus naturales, crece sobre contradicciones y ambivalencias como esta del abrirse cerrándose o el cerrarse abriéndose: sí, sí, hacia fuera y hacia dentro, arriba y abajo, corpórea y virtual, progresista y conservadora, como enclave y como estado de ánimo, entre el espiritualismo y el materialismo, entre la pompa y la campe-chanía, la tradición escrita y la oralidad desatada, la ironía y la circunspección, la laboriosidad y la pereza, la autonomía y la dependencia, el activismo y la pasividad, lo clásico y lo romántico, el frío y el calor, el monte y la playa, el tenisquismo y el mensajerismo, la gallera vieja y la nueva. Así hasta el infinito.

Claro, lo que quiere Facundo es que le digamos a dónde va La Palma. O mejor a dónde queremos que vaya. Aunque él lo intuye, prefiere que se lo expliquemos a nuestra manera, con socarronería purificadora, sin reparo a poner el dedo en la llaga. Acaso sólo así, como resultado de un proceso antropológico que lo abarca todo, de lo general a lo particular y de lo particular a lo general, irradie el misterio de la belleza que en gran parte da sentido a la vida.

¿Es La Palma?, vuelve a preguntar, y nosotros nos esperanzamos con la idea de que aún está en nuestra mano reconvertir los delirios de grandeza del pasado en un mito mucho más congruente con nuestros deseos, más humilde pero más efectivo, y más justo, a partir de la referencia del patrimonio natural y cultural del que no en vano somos deudores.

De ahí la necesidad del retorno, año tras año, de este artista errante. De ahí que re-incida en la interpretación amorosa y por tanto crítica del paisaje-paisanaje que fue y que es.

Pero ¿realmente fue así, como él y nosotros lo añoramos? ¿Realmente es así, como lo vemos?.

Ah, quién puede afirmarlo.

La duda, como el efecto catártico del arte, nos llena de desasosiego y al menos nos obliga a ser valientes.

Anelio Rodríguez Concepción

Compartir: