Presentación

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«Enciende la Tierra» inició este viaje a través de las preguntas queriendo analizar las claves de nuestro tiempo. En 2008, comenzamos a recoger el testimonio humanista de intelectuales, científicos y artistas de todo el mundo. Personalidades como Jane Goodall, Aminata Traoré, Tvetan Todorov, Susan George, Juan Luis Arsuaga, Ignacio Ramonet, Wolfredo Wildpret, Steve McCurry, Sami Naïr, Federico Mayor Zaragoza, o el recordado Jose Luis Sampedro, nos han dejado esa huella de una sabiduría exigente, retándonos a no pagar con silencio el ser testigos de los mayores fracasos a los que nos enfrentamos como seres humanos.

A finales de este año, se cumple el quinto centenario de la publicación de la “Utopía” de Tomás Moro. El no-lugar pensado por Moro despertó en la humanidad el sueño que alimenta la búsqueda de otra realidad, de otro mundo posible. Quisiéramos invitarles a atravesar este meridiano juntos, a soñar colectivamente para relocalizar las utopías en el presente. Acaso las Utopías están en los márgenes, surgiendo aquí y ahora para romper, como cree Armando Bartra, las lógicas de un futuro preconcebido y diseñado. Para el escritor Owen Jones, ningún cambio de modelo vendrá de la generosidad del Establishment. Para Jones, solo el compromiso y el sacrificio de los ciudadanos podrá hacer posible la utopía.

Pero las pequeñas utopías surgen allí donde nunca buscamos, allí donde no creímos encontrarlas, allí donde al ser humano le cuesta vivir su humanidad. Para Pablo D´Ors ese lugar está en nosotros, y se refleja en pequeños acontecimientos interiores. Aquí encajan las Micro-Utopías que propone Francisco Jarauta. Estas pequeñas utopías no sirven para construir los grandes acontecimientos de la Historia, sino para dibujar los caminos personales que nos van acercando a las grandes transformaciones de las ideas.

Sami Naïr es un fino analista de los movimientos altermundistas. En estos momentos, cuando nuevas movilizaciones vuelven al corazón de Europa, los jóvenes regresan al espacio público para reclamar un desplazamiento de la política de los políticos hacia los ciudadanos. ¿En qué punto estamos ahora que gran parte de esa energía social sigue chocando con los intereses del poder político? De alguna manera, las recientes movilizaciones están reflejando un pasado no tan remoto, cuando los jóvenes de mayo del 68, sobre los que ha escrito Ramón Chao, reclamaban un cambio en las reglas de juego que abrieron el espacio de la utopía al grito de: “Bajo los adoquines, la playa”.

La última mesa reflejará la lucha desde aquellos lugares donde los niveles más básicos del bienestar son en sí una quimera. Allí donde el paisaje es el hambre y la violencia es cotidiana, la utopía tiene la forma de una bola de mijo. Entre esos héroes anónimos que arriesgan sus vidas por los que no tienen voz, encontramos a Chema Caballero, peleando por las vidas de niñas y niños soldado en Sierra Leona. Malalai Joya es, desde hace años, una firme candidata al Premio Nobel de la Paz. Los repetidos intentos por acabar con su vida, no han servido para silenciar la voz de una mujer que ha entregado sus días para reivindicar los derechos de las mujeres, allí donde ser maestra o dar clases a niñas se paga con la vida.

Todos nuestros invitados han recorrido un largo camino para defender las ideas que inspiran al mundo. A fin de cuentas, la utopía solo la podemos encontrar caminando. Como dijo Fernando Birri: «La utopía está en el horizonte. Yo sé muy bien que nunca la alcanzaré. Si yo camino diez pasos, ella se alejará diez pasos. Cuanto más la busque menos la encontraré, porque ella se va alejando a medida que yo me acerco». «Entonces», le preguntaron, «¿para qué sirve la utopía?». A lo que Birri respondió: «La utopía sirve para eso: la utopía sirve para caminar».

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