EXPOSICIÓN
Del 13 de enero al 19 de febrero de 2014

Introducción

Esta exposición, integrada por obras de la Colección Gerstenmaier, reúne un importante conjunto de pintura española de los siglos XIX y principios del XX, en la que el tema central es el paisaje.

Este género, el paisajismo, no ganó un espacio en nuestro país hasta mediados del siglo XIX, cuando Genaro Pérez-Villaamil, que abre esta exposición, creó la cátedra que permitió incorporar el paisaje entre las disciplinas de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, iniciando así la búsqueda de la belleza cautiva de una naturaleza que seguía, por entonces, ligada a la figura humana. Solo fue a partir del ingreso de Carlos de Haes en esa misma cátedra, cuando esta temática dejó su primer aliento romántico para alcanzar una aproximación menos idealizante, más pegada a la búsqueda de la verdad que subyace en el paisaje. Carlos de Haes, además de introducir el realismo con obras que sabían atrapar la atmósfera de las escenas montañosas del Norte de España, animó los pasos de la que sería la primera generación de destacados paisajistas españoles.

La exposición está integrada igualmente por obras centrales de pintores como Aureliano de Beruete, Agustín Riancho y Darío Regoyos, con los que se inicia la modernidad de este género. Con ellos, el paisaje empezó a ser materia de reflexión, conectando estéticamente con el aprecio por las tierras castellanas que vinculó a toda una generación de pensadores y escritores.

El final del siglo XIX fue una época clave para entender la crisis de identidad que surgió como consecuencia de los acontecimientos de 1898, y ésta tuvo su reflejo en la pintura. El mundo se contrajo por la desilusión de un amargo final de siglo, replegándose hacia los jardines sombríos de Rusiñol y Joaquim Mir, o para recogerse en las plazas de atmósfera densa y harinosa que pintó con maestría Darío de Regoyos. España se oscureció como presagio de los acontecimientos que marcarían el comienzo de siglo mientras Sorolla, nadando a contra corriente, recogía compulsivamente la luz vibrante del Mediterráneo y los jardines luminosos en sus lienzos.

El imaginario de España se estaba construyendo desde la periferia, y estos artistas buscaron definir un nuevo espacio identitario. La pintura del paisaje se fue enriqueciendo con la llegada de un grupo de artistas que conectaron con los movimientos europeos de fin de siglo, empleando en sus obras un lirismo sereno que bebía en las fuentes del postimpresionismo. Partiendo de la modernidad, Eliseu Meifrén inauguró esa mirada hacia el paisaje esencial de la costa catalana y balear, mientras que Anglada Camarasa salpicó de notas coloristas sus delicados paisajes rurales. Estamos ante el dominio de la pintura. La compresión del paisaje no deja de ser un acto emocional que contiene al hombre que ve y al hombre que siente. En el siglo XIX el hombre aprendió que, para leer en el paisaje, era preciso adentrarse en las primeras páginas de un libro infinito, armado solo con su asombro y su incertidumbre para desbrozar la maleza que le permitiera ver los claros del bosque.

Organiza

Fundación CajaCanarias

Lugar

Espacio Cultural CajaCanarias
Plaza de España, 3
Santa Cruz de La Palma.