06JUNIO2013


La fragilidad del espacio soñado

Fernando Gómez Aguilera - Alberto Corazón- Fernando Prats

Fernando Gómez Aguilera
Alberto Corazón
Fernando Prats

En sus sueños, César Manrique aspiraba a encontrar ese equilibrio entre el desarrollo y el respeto al territorio. Veinte años después de su muerte, el diagnóstico es desolador. La crisis económica ha conducido a una ceguera que nos impide ver las consecuencias irreversibles del calentamiento global. Nuestra responsabilidad como causantes del deterioro de la biocapacidad del planeta debe comenzar por el ejercicio de la renuncia, para obligarnos a repensar un modelo territorial y urbano que hace tiempo llegó a su punto de máxima tensión.

Fernando Prats

"Siempre he creído que tratar de entender a César Manrique en toda su dimensión, requiere también interpretarlo como un precursor que intuyó el cambio de época en el que estamos inmersos y que plasmó esa vivencia a través de una obra  artística profundamente innovadora y de un liderazgo ético, cultural y social comprometido con la defensa de la vida y la singular y espléndida naturaleza de Lanzarote.

Hoy, más allá de la grave recesión socio-económica que vivimos, los principales organismos internacionales reconocen que en el fondo de ese cambio de época subyace el desbordamiento de los límites de biocapacidad del planeta y que, como apuntaba César para un micromundo tan frágil como Lanzarote , necesitamos alumbrar nuevos paradigmas desde los que reformular las relaciones entre la sociedad y la  naturaleza.

Los patrones insostenibles de producción, consumo y crecimiento demográfico constituyen un desafío a la resistencia del planeta para soportar la actividad humana" manifestaban una veintena de Premios Nobel hace un año en Estocolmo; y finalizaban su declaración con un llamamiento que recuerda a César hace treinta años "No podemos seguir por el camino actual; el tiempo para las dilaciones ha terminado".