Presentación

El título de este proyecto expositivo nos presenta una invitación a un juego de palabras contrarias o hacia un mundo de imposibles, en el que los antagónicos pueden dejar de ser enemigos y convertirse en magníficos cómplices. Este fenómeno se reproduce a través de la obra de Pablo Falcón, pues la diversidad de técnicas, formas y colores nos sumergen en un universo paradójico en el que un clásico puede ser takeado y un grafiti puede ser considerado todo un clásico.

Las primeras impresiones nos llevan a la conclusión de que el color es uno de los principales protagonistas, dirigiendo la batuta en todas las composiciones. Cada una de las piezas se podría considerar como una explosión de colores saturados que se dirigen en diferentes direcciones, como si de horror vacui se tratara. Tras esta sinfonía cromática se pueden divisar algunas figuras que nos resultan familiares y que nos trasladan a una época pasada, cuando la exaltación de sentimientos marcaba el ritmo del compás de las melodías barrocas. En ocasiones, la representación de estas imágenes se difumina en una tímida sugerencia que queda reflejada en breves trazos y en pequeños fragmentos que se expanden a lo largo de la obra. De esta forma, el artista crea una galería de esbozos y esculturas que se ocultan entre barreras fucsias, azules y naranjas, como si se produjera una disputa entre la abstracción y lo figurativo.

Este enlace entre lo clásico y el takeo también se revela a través de los títulos de las piezas. Así, La beata y el éxtasis nos corrobora que la figura representada se corresponde con la archiconocida escultura de Bernini. No obstante, esta alusión va un paso más allá del homenaje o de la parodia, pues invita al espectador a realizar una nueva lectura sobre esta escena. De una forma u otra, la versión de Falcón nos conduce hacia un estado de fascinación fruto de los colores del spray y el grafismo. ¿Será que el propio artista quiere inducir al espectador a un éxtasis cromático como le sucedió a Santa Teresa?

Otro de los aspectos llamativos de las obras que conforman esta muestra es la diversidad los materiales y la combinación de los mismos. Si ya el juego entre lo abstracto y lo figurativo, lo clásico y lo vanguardista invaden casi por completo las composiciones, la variedad de técnicas no se queda atrás. Una vez más, la tradición del pincel y el acrílico se fusionan con el spray y los makers sobre superficies de metacrilato, tabla y lienzo. Así pues, el artista no se limita a crear planos mediante formas y colores, sino que los enfatiza con la superposición de los propios soportes, acentuando aún más este éxtasis cromático. De esta manera, esta disposición permite que nuevos elementos se integren, como las luces violetas, exagerando todavía más ese cúmulo de sensaciones que experimentamos ante la obra de Pablo Falcón.

Sin duda alguna, el artista nos invita, a través de Clásicos Takeados, a adentrarnos en una atmósfera en la que las esculturas barrocas se fusionan con trazos de grafi smos y colores saturados, donde las 4 Estaciones de Vivaldi se reproducen en pentagramas de líneas y takeo, donde los pinceles y los sprays conviven en sintonía, donde se puede ser a la vez pintor de esculturas y grafi tero de lienzos.

Naomi Fleitas