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La Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias inaugura la exposición “Lola Massieu. Impulso abstracto”

La exposición recoge una selección de obras de más de sesenta años de creación

La Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias ha presentado hoy la exposición “Lola Massieu. Impulso abstracto”, que podrá visitarse en la sede de la entidad, calle San Agustín, nº 18, La Laguna, hasta el próximo 21 de julio de 2018. El acto contó con la participación de Mari Carmen Rodríguez, comisaria de la exposición, María Dolores Camalich Massieu, hija de la artista, y Alberto Delgado, presidente de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias.

La muestra “Lola Massieu. Impulso abstracto” está integrada por una selección de 16 obras que abarcan un amplio periodo temporal, desde 1939 hasta 2003. Un recorrido que, partiendo de los géneros de la pintura: bodegón, retrato y paisaje, transita desde la figuración posimpresionista hasta la abstracción más gestual.

Durante su intervención, Alberto Delgado destacó que Lola Massieu es una de las grandes artistas del siglo XX. Con una trayectoria profesional de casi sesenta años dedicada a la creación en el campo de la abstracción pictórica y que alcanza su madurez en la década de los sesenta con una obra muy personal, considerada por la crítica especializada como una de las principales manifestaciones del informalismo en Canarias. Así, Delgado señaló que el crítico y defensor de su obra Eduardo Westerdahl, en 1962, desveló que “Lola Massieu es uno de los últimos brotes de una isla –Gran Canaria- que se ha incorporado con enérgica sinceridad al nutrido grupo de artistas españoles que trabajan en las nuevas posibilidades de la pintura: Millares, Felo Monzón y en la escultura, Chirino”. Además, explicó que Lola concibe su trabajo como una vía de profundización en sí misma, de la naturaleza humana y del mundo en el que habita, y que el conjunto de su obra se caracteriza por las búsquedas e indagaciones que la artista realiza sobre el espacio pictórico.

También, agradeció muy especialmente la colaboración en este proyecto a las hijas de la artista, así como a la comisaria y a todas las personas e instituciones que colaboraron en este proyecto. Por último, destacó el amplio programa de actividades organizado en relación a la muestra: visitas y talleres para escolares, visitas para el público general, y un Encuentro-homenaje a celebrar durante el mes de mayo. Por su parte, María Dolores Camalich agradeció, en su nombre y en de la familia, esta nueva exposición dedicada a su madre en la isla de Tenerife, destacando que este proyecto pictórico no sólo recuerda la figura de Lola Massieu como creadora sino que, además, señaló que en él se descubre, también, la evolución personal de la artista.

Por último, Mari Carmen Rodríguez recordó que la primera vez que Lola Massieu tuvo la oportunidad de exponer en Tenerife fue en 1959 en el Casino de Santa Cruz de Tenerife y que el título de la muestra “Impulso abstracto” alude a las palabras de Pedro González en relación a la exposición que la creadora celebró en el Museo Municipal de Bellas Artes en 1968. Él habló de ese “impulso previo” que regula y construye la pintura de Lola, y ese impulso, además, alude al desasosiego, al inconformismo que le hizo posicionarse y manifestar su rebeldía con respectos a tres asuntos determinantes en su vida: ser mujer que, con su actitud, abrió caminos y se reveló en contra del papel que su propia condición femenina le otorgaba; pertenecer como integrante de un grupo social que se enfrenta a una específica práctica de la religión y la política, desafiando el clasismo y el machismo y ser artista que se convirtió en desertora del “buen arte”, decantándose por la abstracción que tantos detractores tenía y adscribiéndose a la corriente informalista.

LOLA MASSIEU [Gran Canaria,1921–2007]

Lola Massieu inicia su formación artística junto a su tío, el pintor Nicolás Massieu, quien la introduce en las técnicas del dibujo y en los principios básicos de la pintura. Tanto su tío, como su tío abuelo, Nicolás Massieu y Falcón influyeron notablemente en el entorno artístico y académico de la época y en la propia Lola Massieu.

Durante la década de los cuarenta, la artista se enfrenta a la aventura del color y realiza sus primeros estudios de naturalezas muertas, retratos, paisajes y flores. Durante estos años, simultanea la pintura con el aprendizaje de canto, recibiendo clases de Lola de la Torre.

En los años cincuenta, la artista comienza a renunciar a las referencias figurativas y logra alcanzar una abstracción, en sintonía con el arte constructivista. En esta época empieza a hacerse evidente la transición hacia la abstracción, en los espacios y los volúmenes, a través de gruesos empastes y manchas de color. Poco a poco, se introduce en la estética informalista jugando con las posibilidades expresivas de la materia, a la que da prioridad, por encima del color y la forma, lo que la lleva a incorporar los nuevos materiales, como betunes y alquitranes.

En sus series de los años sesenta, conecta con la segunda oleada de expresionistas abstractos americanos, los europeos y la corriente informalista española. De esta etapa, se exhibe una selección de obras, caracterizadas por su sobriedad y una manera muy singular de construir el espacio a base de estructuras geométricas, franjas verticales y horizontales, veladas o definidas, un trabajo que Eduardo Westerdahl, gran defensor de su obra, relaciona con obras Nicolás de Stael o Mark Rothko.

En los años setenta, acentúa el carácter expresivo de su pintura. Las rígidas estructuras ortogonales de la década anterior ceden paso a una abstracción más suave, y el espacio se define con texturas de formas orgánicas. La decalcomanía la construye a base de resinas y óleos.

En las composiciones de los años ochenta y principios de los noventa, incorpora la técnica del pan de oro en una serie de creaciones que poseen una gran carga emotiva y evolucionan hacia una apariencia trascendente, al recrear elementos arquitectónicos e iconografía reservada hasta entonces al arte sacro.

En su última producción, década de los noventa y comienzos de siglo XXI, realiza las series: Un mundo en descomposición, Manzana podrida y los recuerdos de su infancia, trabajo de denuncia social en el que apreciamos que la artista amplía la paleta cromática que pone al servicio de inquietudes expresivas y posicionamientos personales con respecto a la contemporaneidad.

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